La Televisión
En nuestros días, la televisión acapara un gran protagonismo dentro del hogar. Ubicada la mayoría de las veces en la estancia principal de la casa: el salón, cuando no en otras como la cocina o los dormitorios, se vuelve prácticamente omnipresente en el hogar.
El hecho de la gran penetración de receptores en los hogares, agudiza además los efectos que la televisión produce en los telespectadores, especialmente en los más jóvenes. Así, podemos decir que la televisión es en potencia capaz de transmitir y verter valores muy positivos en la sociedad, es capaz de permitir a sus usuarios conocer lugares que posiblemente nunca llegarán a visitar y son incontables los efectos positivos que la TV puede ocasionar.
No es menos cierto que una inadecuada oferta televisiva puede educar en contravalores, mostrar modelos inadecuados a los menores o simplemente ofrecer contenidos inapropiados para los más pequeños al estar dirigidos a un público adulto pero cuya emisión se produce en una franja horaria de máxima audiencia para un público infantil.
Nos podemos hacer la pregunta, atendiendo a los gustos del público y la emisión de contenidos, sobre si la programación de las cadenas es la que determina la demanda y los gustos de los telespectadores, o por el contrario, lo que demanda el público será lo que determine la oferta televisiva.
En PROTEGELES creemos que una oferta televisiva de altura, nutrida de contenidos lúdicos, educativos y culturales elevará el nivel de exigencia del gran público, sin embargo si se ofrecen programas donde se prima lo morboso, la falta de respeto hacia los demás y otros contenidos dañinos, aunque puedan conllevar menores gastos y sean más rentables para las cadenas, motivará una demanda menos exigente de contenidos.
Apelamos a la responsabilidad de las cadenas a la hora de confeccionar sus parrillas. Las cadenas de televisión, y no sólo las públicas sino también las privadas son de interés público, y tienen una clara responsabilidad frente a la sociedad.
Esta responsabilidad se ha manifestado hasta la fecha en el compromiso de no vulnerar los horarios de protección a los menores, de ahí la importancia de que padres, tutores y educadores conozcan la existencia del código, de los compromisos adquiridos por las cadenas y no teman denunciar su vulneración.
En este apartado, pretendemos favorecer un espacio para la reflexión y para la mejora del uso de la televisión en los hogares, debido a la gran influencia que este medio de comunicación ejerce entre los menores y jóvenes es importante.
Infancia y televisión: el papel de la televisión en hogares españoles
Además del Código de Autorregulación, que ya hemos visto, existen leyes y convenciones, tanto a nivel nacional como internacional que velan por la seguridad del menor. Sin ir más lejos, en la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada el 20 de noviembre de 1989, se dice que los Estados Parte deben reconocer la importante función que desempeñan los medios de comunicación y velar por que el material que éstos presentan promueva su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental; se alentará a difundir información y materiales de interés social y cultural para el niño.
Nos queda clara entonces la función y responsabilidad de las autoridades públicas en este aspecto, pero no debemos olvidar que, la responsabilidad última de la educación de nuestros hijos, recae en la familia. Es por ello, que tendremos que analizar, el papel que la televisión desempeña en el hogar:
- La televisión como centro de la casa: en muchas ocasiones, se tiene la televisión encendida sin verla, como ruido de fondo, sin prestar atención a los programas que se están emitiendo. Esta práctica, muy extendida, concede un protagonismo no deseable a la televisión en muchos hogares, obstaculizando la comunicación entre los miembros del hogar y perjudicando la existencia de momentos de silencio y sosiego que favorezcan un clima idóneo para el estudio o la lectura.
- La televisión como niñera virtual: Con seguridad este es el peor uso que padres y tutores pueden hacer de la televisión. En ocasiones, la televisión se convierte en verdadera niñera de nuestros hijos. La atención que este aparato despierta en nuestros hijos es muy intensa, lo que nos hace a nosotros, los padres, responsables del uso que se le da a ésta y del consumo que realicen nuestros hijos. Por tanto, se han de sopesar los "supuestos beneficios" que conlleva el dejar al niño o niña delante de la televisión para que se calme, porque le gusta o porque estamos cansados.
- La televisión crítica y seleccionada: queda por tanto patente, después de estos dos ejemplos, la necesidad de educar a nuestros hijos sobre cómo ver la televisión. Es por tanto necesario, acompañarles lo más posible cuando la estén viendo, intentando además, con ciertos comentarios y actuaciones, fomentar una visualización crítica de los programas que se exponen. Sólo de esta forma y poco a poco, podrá llegarse a conseguir una autonomía a la hora de elegir qué ver por parte de los menores.
Ojo con: situaciones de riesgo
¿En qué puede derivar un mal uso de la televisión, es decir, un uso sin criterio e incontrolado de la televisión? ¿Qué riesgos son los que puede correr un menor que vea la mayoría de programas que actualmente se emiten en una televisión pensada sólo para adultos?. Existen, más que consecuencias, diferentes situaciones de riesgo que tendríamos que tratar de evitar:

- Violencia: el grado de violencia que actualmente presentan los programas de televisión puede considerarse elevado. No todos los menores asimilan del mismo modo las escenas violentas, pero sí que es verdad que pueden llegar a habituarse y a ser más condescendientes con la violencia en la vida real, llegando a tomar por normal situaciones que no lo son:
- Sexo: Para los más pequeños, los cuales están comenzando a descubrir su cuerpo y el de los demás, es necesario introducir el tema de la sexualidad de una forma cercana, no ajena a su realidad como se presenta en algunas películas y series. La sexualidad no es algo banal y hay que ir descubriéndola de acuerdo al desarrollo evolutivo de cada uno y de una forma natural.
- Comportamientos sociales: Los comportamientos sociales que se muestran en los programas de televisión alaban conductas asociadas a la competitividad, al éxito fácil, sin necesidad de esfuerzo, al uso de la violencia como modo sencillo de resolver conflictos, el consumismo… Todos estos contravalores actúan como inhibidores de los valores que promulgan la escuela y la familia: aquellos asociados a la convivencia, al esfuerzo, al consumo equilibrado, a necesitar lo que realmente se precisa y a la paz.
- Estereotipos: culto por el cuerpo, sexismo… Es la figura de la mujer la que sale más perjudicada dentro del mundo televisivo: la mujer como objeto, la mujer que para conseguir el éxito necesita convertirse en una persona agresiva, la que debe tener un cuerpo perfecto para poder triunfar. Esa imagen de la mujer se implanta en la mentalidad de los más pequeños como lo habitual. Lo que aparece en la televisión goza de tal credibilidad, para la población en general y para los niños en particular, que muy pocas veces uno se para a tomarlo como falso, a discutirlo o a criticarlo.
- Lenguaje verbal desagradable e inadecuado: la televisión, lejos de ser esa herramienta educativa que podría ser, fomenta además un uso del lenguaje poco apropiado. En un intento por acercarse más al mundo de los jóvenes, los guionistas de programas utilizan, a menudo, una jerga que intenta identificarse con ellos y, lo que hace es afianzar un uso del lenguaje que puede llegar a ser desagradable.
Buenas prácticas para un buen uso de la televisión en el hogar
- Es primordial tener en cuenta el importante papel que los medios de comunicación y las NNTT, en especial la televisión, desempeñan en el proceso de socialización de los menores y que pueden influir, por tanto, en su educación. Se debe dar la importancia que se merece a la promoción de un uso responsable de la televisión entre los menores.
- Necesidad de acompañar a los niños mientras ven la televisión, fomentando así una actitud crítica sobre los contenidos que se vierten.
- Hablar con ellos de lo que se ha visto, favoreciendo así la comunicación con tus hijos. De esta forma, se podrán resolver las dudas que les hayan podido surgir y conocer además sus gustos.
- No dejar pasar la oportunidad de convertir a la televisión en una herramienta para el debate, para la educación, para descubrir situaciones nuevas, intentando omitir la mera percepción de ésta como instrumento de ocio.
- Revisar la programación y hacer una selección de los programas que van a ver los niños. Seleccionar los que estén adaptados a su edad y estar atento a las catalogaciones que se hacen (para todos los públicos, menores de 7, menores de 13 y menores de 18)
- Hay que intentar tener mucho cuidado con el zapping y la publicidad, pueden exponerse contenidos que no deseamos que vean los menores.
- No potenciar el mal uso de la televisión. Por un mal uso se entiende, por ejemplo, tenerla siempre encendida, dejar que la televisión se convierta en el centro del hogar, permitir que su "ruido" entorpezca la realización de otras tareas, como por ejemplo hacer los deberes, mantener tiempos de conversación con los miembros de la familia, etc.
- Establecer límites de tiempo y criterios, relacionados con la selección de programación, para ver la televisión.
- Educar a los menores, fomentando su capacidad crítica y una educación basada en la convivencia, que puedan servir como herramienta a la hora de interpretar los contenidos que van a visualizar.
- No se trata de vigilar, espiar, imponer o tener a nuestros hijos en una burbuja irreal, ajena a la sociedad. Lo que se propone es compartir con tus hijos el tiempo, acompañarlos en ese proceso educativo que también se da con la televisión, protegerles de ciertos contenidos que pueden resultar dañinos y potenciar en ellos una actitud crítica que les ayude a ser personas más autónomas en un futuro.